Los fármacos ansiolíticos actúan sobre el sistema nervioso central para reducir la actividad excesiva. Se utilizan principalmente para tratar trastornos de ansiedad, trastornos del sueño y otras alteraciones relacionadas con el estrés.

Los más conocidos son las benzodiacepinas: medicamentos recetados por su eficacia, aunque su uso prolongado tiene diversos efectos adversos. Los más conocidos son el Orfidal, el tranquimazin, el valium y el lexatín. Estas se suelen mandar en casos de ansiedad, depresión o epilepsia. Y aunque son útiles, los pacientes que reciben este tipo de fármacos no reciben suficiente información por parte de sus médicos de los efectos secundarios que causan.

Fuentes de estrés como los problemas laborales, la tensión social, los fracasos amorosos, entre otros, provocan el empleo de ansiolíticos para controlar esas situaciones. El perfil de este consumidor suele ser mujeres, lo que más las caracteriza son sus: problemas de insomnio, problemas laborales, sociales, sucesos traumáticos o causas relacionadas con dificultades económicas.

Benzodiacepinas y adicción: una realidad creciente en España

En los últimos años, el consumo de benzodiacepinas se ha disparado en España. Según datos recientes, es el país del mundo donde más se consumen benzodiacepinas, con unas 110 dosis por cada 1.000 personas cada día. Estas cifras reflejan una realidad preocupante: el consumo prolongado de benzodiacepinas se está convirtiendo en un problema de salud pública cada vez más visible en España.

Dependencia de ansiolíticos: cómo se genera y por qué cuesta dejarlo

El uso prolongado de fármacos ansiolíticos, como las benzodiacepinas, puede generar dependencia física y psicológica, lo que aumenta el riesgo de síntomas de abstinencia al interrumpir el tratamiento. Estos síntomas pueden ir desde ansiedad intensa, insomnio y temblores hasta convulsiones o alteraciones del estado de ánimo, por lo que la retirada debe hacerse siempre de forma gradual y bajo control médico.

La dependencia a los ansiolíticos representa un importante factor de riesgo para la salud mental, especialmente cuando se utilizan sin una adecuada supervisión médica. Por ello, las benzodiacepinas deben prescribirse solo durante periodos cortos, para evitar la adicción a las benzodiacepinas.

Además, el consumo de alcohol puede aumentar el riesgo de efectos adversos y potenciar la dependencia, lo que refuerza la necesidad de un uso prudente y controlado de estos tratamientos en personas con trastornos del sueño o trastornos de ansiedad, y otros problemas de salud ya mencionados anteriormente.

Efectos adversos del abuso de benzodiacepinas

Los efectos más comunes de los ansiolíticos, al ser depresores del sistema nervioso central son: sedación, sueño y relajación muscular.
Esto hace que sean recomendables para su uso a corto plazo para el insomnio, la ansiedad, abstinencia alcohólica y psicosis.

Entre sus problemas destacan:

  1. Dependencia psicológica, incapacidad para cesar su utilización.
  2. Tolerancia, capacidad para aumentar poco a poco la dosis para obtener el mismo efecto que se obtenía antes.
  3. Abstinencia, aparece la inquietud, la ansiedad al interrumpir su empleo bruscamente.

Las benzodiacepinas pueden dar la falsa apariencia de inofensivas, porque su cantidad suele ser de 1 mg. Pero, son capaces de generar una fuerte dependencia.

No podemos dejar por mencionar otros problemas y efectos secundarios como:

  • Pérdida de memoria a corto plazo. Este se trata de uno de los efectos más estudiados actualmente.
  • Disminución de la atención.
  • Insomnio de rebote.
  • Accidentes de tráfico.
  • Caídas al suelo.
  • Disminución del rendimiento cognitivo.

Hay estudios que demuestran que el empleo abusivo de benzodiacepinas influye en el desarrollo de Alzheimer.

¿Por qué se prescriben tanto los ansiolíticos si generan dependencia?

La respuesta es la gratificación inmediata, el paciente busca el alivio mágico ante su ansiedad, un problema muy extendido.

La razón principal está en su efecto inmediato: las benzodiacepinas y otros fármacos ansiolíticos proporcionan un alivio rápido. En un contexto donde los trastornos de ansiedad y el estrés son cada vez más frecuentes, tanto médicos como pacientes pueden optar por este tipo de tratamientos buscando una respuesta eficaz a corto plazo.

Sin embargo, ese mismo efecto gratificante y rápido es lo que facilita la dependencia si no se emplean con prudencia y durante el tiempo limitado que recomienda la supervisión médica.

Alternativas a los ansiolíticos que no crean dependencia

Existen opciones seguras para tratar las diferentes condiciones. Por ejemplo, la ansiedad puede tratarse de otras formas sin riesgo de dependencia física con ciertos antidepresivos o terapias psicológicas. Estas alternativas pueden ofrecer un efecto ansiolítico eficaz sin los peligros asociados al uso prolongado de benzodiacepinas.

En algunos casos, pueden recomendarse ansiolíticos que no crean dependencia, como la buspirona, que proporcionan un efecto ansiolítico eficaz con menor probabilidad de desarrollar dependencia.

Cómo ayudar a una persona con adicción a benzodiacepinas

El primer paso es no suspender el tratamiento de golpe, ya que los síntomas de abstinencia pueden ser graves. Es fundamental acudir a un profesional sanitario para planificar una retirada gradual y supervisada.

La terapia psicológica es clave para la recuperación. Con apoyo médico y psicológico adecuado, es posible superar la dependencia a las benzodiacepinas y recuperar el equilibrio y la salud mental.

Tratamiento y apoyo en Tibbon: centro de desintoxicación y salud mental

Superar una dependencia a los ansiolíticos, como la adicción a las benzodiacepinas requiere un enfoque integral que combine atención médica, apoyo psicológico y acompañamiento continuo. Puedes consultar más detalles sobre el tratamiento y cómo se lleva a cabo.

En Tibbon, centro especializado en desintoxicación y salud mental, los tratamientos se adaptan a las necesidades de cada persona, abordando tanto la dependencia física como psicológica.

Si necesitas información no dudes en contactar con Tibbon Centro Terapéutico.

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Acerca del autor/a

Beatriz Cano Sánchez Psicóloga e integradora social Beatriz es Graduada en Psicología por la Universidad de Granada, además, complementando su formación, Beatriz también ha cursado estudios de Integración Social. Esta formación le ha dotado de las habilidades necesarias para promover la inclusión y promover el bienestar de personas en situaciones de vulnerabilidad. Actualmente, Beatriz se prepara para iniciar el Máster en Psicología General Sanitaria. Asimismo, Beatriz ha realizado diversos cursos complementarios que enriquecen su práctica profesional, entre estos destacan los enfocados al tratamiento y prevención del suicidio y el Trastorno Límite de la Personalidad.

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