Cómo saber si una persona es alcohólica

El alcohol está considerado socialmente dentro del grupo de las “drogas blandas”, aunque realmente pertenezca al otro grupo. Pero que su consumo esté aceptado no lo convierte en bueno. Es una droga, y como tal, la adicción al alcohol puede llevar a las peores consecuencias.
 

La adicción al alcohol

 
El alcohol es una droga legal y de consumo diario, prácticamente. Está tan extendida en nuestra sociedad que la mayoría de la gente ni siquiera se para a pensar en los efectos perjudiciales que tiene sobre el cuerpo. El alcohol está ahí en cada evento, en cada reunión social, en cada celebración. Pero también en los peores momentos vemos con normalidad el “ahogar las penas en alcohol”. Así nos vamos volviendo cada vez más proclives a desarrollar una enfermedad incurable que dura de por vida. Y es que una vez que te conviertes en alcohólico, ya lo eres para siempre. Puedes controlarlo y dominar la enfermedad, pero nunca dejará de dormir en ti el monstruo que te empuja a beber sin control.
El alcohólico no necesariamente tiene que beber a diario para tener un problema. Este es uno de los errores más comunes. El alcohólico tiene dependencia intermitente. La adicción al alcohol puede manifestarse los fines de semana, o en ocasiones puntuales. Pero cuando lo hace es imparable y es el alcohol el que tiene el control de la situación.
Tampoco existe una cantidad a ingerir considerada como uno de los síntomas del alcoholismo. Eso depende de los factores personales de cada perfil. Por lo que el alcohólico no es quien bebe todos los días o quien bebe demasiado en algunas ocasiones. El alcohólico presenta una serie de síntomas que hacen que el consumo en él sea un problema grave.
 

Síntomas del alcoholismo

 

  • Síndrome de abstinencia. Como ocurre con otras drogas, el adicto al alcohol siente malestar si no consume.
  • Aumento de la tolerancia. Cada vez necesitas más para conseguir el mismo efecto.
  • No saber parar. La persona se vuelve dependiente y no conoce el límite entre tomar una o dos copas y el consumo sin moderación.
  • A nivel físico el adicto presenta náuseas al levantarse, falta de apetito, tiene lagunas mentales y temblores en las manos que se controlan con el consumo de alcohol.
  • A nivel mental y emocional, el adicto se siente culpable cada mañana pero justifica su comportamiento con tópicos como que “todo el mundo bebe” o que “puedo dejarlo cuando quiera”. Y cuando alguna persona cercana le sugiere que debe controlar su consumo reacciona mal, se molesta y puede llegar a comportarse de forma violenta. Pero aun así cada día se propondrá a sí mismo controlar su relación con la bebida, y beber menos o no hacerlo más.
  • Si llega el momento en el el alcohol afecta negativamente a la persona en su salud, su forma de ser, su trabajo y sus relaciones sociales y familiares, entonces estamos ante un caso de adicción al alcohol.

El alcohol nos vuelve dependientes, anula nuestras capacidades mentales además de las físicas y condiciona nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Por lo tanto, el alcoholismo es una enfermedad y hay que tratarla como tal. Es fundamental aprender a detectar los síntomas del alcoholismo, porque la persona que lo sufre será un enfermo durante toda su vida. El alcohólico no sabe controlar, no sabe dónde está el límite y cuándo dejar de beber. Por eso una vez que aprende a vivir con su adicción no podrá volver a beber durante su vida, o volverá a recaer al no tener las herramientas necesarias para saber poner límite.
 

Ayuda

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Irene Jiménez
 

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